
Propuestas para una Antropologia Argentina - Tomo VIII
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Sinopsis:Las ciudades, asiento por excelencia de las variadas sociedades que fueran forjando el destino de la humanidad, salvo algunas pocas que decayeran hasta desaparecer convirtiéndose en leyendas, se desenvolvieron sobre su propio espacio desde su nacimiento y, a partir de él, supieron proyectarse hacia el resto del mundo, esto es, hasta otras ciudades que requirieron estilos arquitectónicos, intelectuales o, simplemente, de vida, foráneos para constituirse hasta lograr el propio y, así, instalarse con propiedad, en la ecumene. Los hombres, a medida que se desplazaron de las elementales unidades familiares para constituir comunidades paulatinamente más complejas, en la frecuentación de un medio que se colmaba de interdictos con la finalidad de sostenerse ante el embate del tiempo histórico, nacieron en las ciudades o en el campo, se conformaron por sus leyes y las modificaron cuando los cambios así los requirieron; activos o pasivos fueron siempre y necesariamente los actores de cuanto las comunidades pergeñaran. Dentro de la inabarcable gama de apreciaciones bajo las cuales comprender las ciudades-sociedades, cabe la de la incumbencia que le dieran a la iniciativa de sus obligados miembros (desde que siempre nacemos en el seno de una comunidad, por minúscula que fuere) y cómo les permitieran transcurrir los días de su existencia.
